LA NATURALEZA EN MI CAMPO #171.

 

En la tarde cuando el paso retrae los horizontes, la siesta llama a acariciar la hamaca con aquel cuerpo, ese que se dispone a soñar entre los hilos que mueve el mundo.

Un mocasín cubre el rostro pues aun se aferra a ese sueño donde él va de la mano del universo por las corrientes que viajan los cuatro puntos, van en un joropeo galopante de un potro brioso que corre los esteros.

Se escucha un grito que alienta a la cabalgadura a detenerse a ver los ojos de los naragatos que brindan espinas y eso incentiva al soñador que el sueño tiene pelones que no florecen y retoños que dejan su nombre recorrer otros días. Sí, unos pequeños que son el aliento que mantiene al sol en un horizonte cada mañana.

 

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