LA NATURALEZA EN MI CAMPO #181.

 

Mamá va a la escuela a llevar los retoños que vuelen entre las clases de aquella maestra vieja, esa que se esmera en dejar las bases de  raíces donde la vida pueda soñar,  vallan por los caminos del mañana con un verso en su corazón de olor a tiza del cristal.

Más vivo que tío conejo quedan los chipilines, que saltando con ese paso de un vaivén de piernas entrelazadas por el ritmo del saltarin, aquel de escuela donde los carajitos gozan su carrera.

Los colores quedan marcados en las uñas, pues la acuarela que las manos han dejado es la obra mas sublime que marca una huella en el recuerdo, sí, las manos estampadas en papel es el momento que refresca el corazón al pasar el tiempo y vivir ese momento por siempre al  volver a volar.

La muchachera aun vive en los garabatos que dejan llegar de nuevo al señor Francisco con sus panes Baruteños y un billete bajo el mostrador para alegrar un chiquillo que pasa de la escuela.

Tome de la mano a mamá pues toca pasar la calle, son las horas que regresan a refrescar el estero de verdes al flotar en la alfombra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *